Hoy en día, muchos portátiles ya cuentan un terabyte de almacenamiento y pueden guardar los datos de transacciones y números de referencia, lo que ha revolucionado de nuevo el sector y supone un reto para los pequeños vendedores que tienen que competir con grandes cadenas de suministro y la sofisticada segmentación conductual que Amazon lleva a cabo. Lo mismo ha ocurrido con el impacto que los sistemas de facturación y los conmutadores de red han tenido en las telecomunicaciones o con la automatización de sucursales y la banca online, que han cambiado totalmente la financiación al por menor.

Sería un error desestimar el Big Data como “disparatado” ya que fuerzas significativas están cambiando la manera en la que las empresas piensan acerca de la información y la analítica. Estas fuerzas tomaron fuerza a partir de finales de 1990 a raíz de tres innovaciones tecnológicas disruptivas que produjeron grandes cambios tanto en los negocios como en la sociedad y que han tenido como resultado la aparición del término Big Data.

En una era de hiper-competencia producto de la globalización y la digitalización, analizar con eficacia estas nuevas fuentes de datos y actuar en función de los resultados obtenidos está cambiando la forma de hacer negocios y proporciona a las compañías una ventaja competitiva importante.

Las tres “nuevas olas de innovación” del Big Data permiten comprender, respectivamente: cómo interactúan las personas con las cosas; cómo las personas interactúan con sus semejantes y cómo complejos sistemas de cosas interactúan entre sí. Juntas, las tres nuevas innovaciones hacen posible que las analíticas evolucionen del estudio de las transacciones al estudio de las interacciones, pues una vez que se han recogido e integrado los datos que conforman las transacciones y eventos, se puede medir y analizar el comportamiento tanto de los sistemas como de las personas.